jueves, 3 de enero de 2008

PITTSBURG GANA EL WINTER CLASSIC


TODO UN ESPECTÁCULO
Más de 71.000 espectadores en el Ralph Wilson Stadium disfrutaron del partido. /Getty

BUFFALO SABRES- PITTSBURG PENGUINS 1-2 (SO)
Un partido especial. En eso coincidirían todos, partidarios y detractores de este partido. Entorno espectacular, con más de 70 mil personas en las gradas del Ralph Wilson Stadium de Buffalo. Copiosa nevada para dar la bienvenida al año 2008 y un aire retro que no sólo se vislumbraba en el recinto al aire libre, sino también en las camisolas. Y que decir del espectáculo previo. Todo un lujo que a muchos nos puso la carne de gallina. Sólo faltaba para coronar esta cita un gran partido de hockey, y quizás fue esto, lo más importante, lo que falló un poco. Que no se me malinterprete, el partido fue decente, pero se esperaba algo más acorde con la expectación que había generado este Winter Classic: el primer partido outdoor en la historia reciente de la NHL en Estados Unidos.
Y eso que el partido empezó fuerte. Los Penguins anotaron en su primera posesión, cuando apenas se había disputado medio minuto de partido. Gran acción de Sydney Crosby entrando desde la zona izquierda con habilidad y velocidad, se queda el puck suelto y Colby Armstrong llega rápido para poner a los suyos por delante.
Que se adelantaran no fue casual. Como si de pingüinos reales se trataran, los de Pittsburg se adaptaron a las mil maravillas a la copiosa nevada que incidía claramente en el devenir del partido. Los Penguins dominaron con rotundidad el primer periodo y no se fueron con mayor ventaja porque la suerte, al contrario que la climatología, no estaba de su parte. Armstrong y Malone se encontraron con el poste de la portería defendida por Ryan Miller.
Tras el intermedio, todo cambió. La lluvia avivó el partido. Además, Lindy Ruff dio un toque de atención a los suyos. Había dos puntos en juego que podían ser vitales para Buffalo en la lucha por los playoffs. Por eso o por lo que fuera, los Sabres espabilaron. Dominio absoluto, hasta el punto de que los Penguins ni siquiera obligaron a intervenir a Ryan Miller en todo el segundo periodo. Y fruto de ese monólogo llegó el gol del empate. Bryan Campbell supera a Ty Conklin con un certero tiro de arrastre.
Con la tendencia del partido, era de esperar que en el tercer periodo Pittsburg reaccionara, y en cierto modo fue así. Al menos comenzó con más actitud, obligando a intervenir con prontitud a Miller. Además Malkin y Crosby se encontraban regularmente, generando el peligro acostumbrado. Vaya par de fenómenos que tiene Pittsburg. Pero el partido se “secó”. Las constantes interrupciones a causa del deterioro de la pista fue un somnífero para el partido, haciéndolo pesado por momentos. Quizás el punto negro de este partido. Afortunadamente hay cracks siempre para cambiar la dinámica, y un gran envoltorio del austriaco Thomas Vanek desperezó al congelado público. Una pena que no lo culminara porque hubiera sido un tremendo golazo.
Así se llegó al tiempo extra, donde los locales acosaron la portería de Ty Conklin, en parte apoyados por la superioridad numérica. Pero no fueron capaces de ejecutar, de culminar. Desde luego, en Buffalo se echa mucho de menos a Briere y Drury.
El caso es que el punto extra se dilucidaría en los penaltis, y ahí surgió de nuevo el artista. Sydney Crosby lo hizo genial, superando con una nueva muestra de su enorme talento. Por algo es la imagen de la competición, el nuevo rey de la competición ¡Larga vida a Syd!