
ALEGRÍA
Bryzgalov celebra con sus compañeros la victoria tras parar el penalti de Mitchell. /Getty
En Arizona no hay tradición de hockey, ni tan siquiera hielo, pero lo que si que hay es futuro. Al menos esa es la impresión que dan estos nuevos Phoenix Coyotes. Con talento, juventud y, por qué no decirlo, carácter, este equipo parece haber abandonado esa travesía eterna por el desierto, su desierto, para enmarcarse en proyectos más ambiciosos dentro de la NHL.
Pocos apostarían por este conjunto visto su inicio de temporada, pero por fin la mano de Wayne Gretzky (“The Great One” sobre el hielo, no se olviden) se empieza a ver. Con la victoria en penaltis ante San Jose Sharks, los Phoenix Coyotes han encadenado su cuarta victoria consecutiva y ya tienen más victorias que derrotas.
Pero ese renacer, más allá del tino del banquillo, tiene un nombre propio: Ilya Brizgalov. Desde que llegó proveniente de Anaheim en noviembre todo ha cambiado en la franquicia de Arizona. Quizá insufló espíritu ganador a este equipo, quizá simplemente los Coyotes adolecían de un gran portero. Sea lo que sea, el ruso ha convertido a los de Gretzky en un equipo temible (sobre todo fuera de casa) y no en una mera comparsa de la competición.
El partido ante San Jose Sharks debía aclarar muchas cosas. El conjunto californiano, uno de los mejores del Oeste, había derrotado a los de Arizona en los cuatro partidos previos. Para más inri, Nabokov le tenía cogida la medida y llevaba casi cuatro partidos completos sin encajar un gol por parte de los “caninos”. Estadísticas para echarse a temblar.
No obstante los Coyotes no se amilanaron y plantaron cara con rudeza a los Sharks. En los dos primeros periodos no hubo goles, pero hubo hockey del bueno, ocasiones a discreción y el duelo de porteros rusos quedaba en tablas. Tanto Nabokov como Bryzgalov se estaban "saliendo".
El tercer periodo añadió al partido lo único de lo que carecía: de goles. Nada más comenzar, Mike York, sin ángulo, asentado en la línea de gol, amenaza con el pase atrás pero lanza un tiro inteligente jugando con el portero, que se acaba colando en la portería de Nabokov. Fin a la imbatibilidad de Nabokov ante los Coyotes, que se quedó en la no desdeñable cifra de 271 minutos y 20 segundos. Para aplauso.
No tardaron en reaccionar los locales. El rookie Torrey Mitchell se anticipa a su marcador y aprovecha un gran servicio de Grier para igualar la contienda. Tras ello una tangana, con los cinco minutos de inferioridad consiguiente para los Coyotes dinamitaron el partido. Al final de la misma, con 5 contra 3 sobre la pista por una nueva sanción, los Coyotes cayeron por maduro. El veteranísimo Jeremy Roenick por delante a su equipo. Gol 502 para el estadounidense, brillante, y asistencia número 700 de Joe Thornton. Casi nada.
Quedaban diez minutos, pero el reloj volaba. Bryzgalov salvaba a los Coyotes y estos se estrellaban contra su bestia negra, Evgeni Nabokov. Un querer y no poder que parecía tener su postilla en la sanción estúpida a Ballard a un minuto del final. Todo parecía perdido, pero ahí apareció la casta de estos nuevos Coyotes. Tras un tiempo muerto solicitado por Gretzky, los Coyotes salieron a morder, más caninos que nunca. La presión obtuvo su fruto y Shane Doan recuperó y realizó un lanzamiento duro y certero ante el que Nabokov no pudo hacer nada. Todavía hubo tiempo para que Bryzgalov salvara a los suyos con un paradón a 7 segundos del final tras una gran jugada entre JR y Marleau.
La prórroga siguió por los mismos derroteros, con protagonismo de los metas rusos, inmensos toda la noche. Por ello esto no podía acabar de otra manera sino en los penaltis. La tanda sería la que desharía las tablas en el marcador y en el duelo de metas rusos. Mueller batió por debajo de las piernas a Nabokov y el duelo de metas rusos se lo llevó Bryzgalov.
Pocos apostarían por este conjunto visto su inicio de temporada, pero por fin la mano de Wayne Gretzky (“The Great One” sobre el hielo, no se olviden) se empieza a ver. Con la victoria en penaltis ante San Jose Sharks, los Phoenix Coyotes han encadenado su cuarta victoria consecutiva y ya tienen más victorias que derrotas.
Pero ese renacer, más allá del tino del banquillo, tiene un nombre propio: Ilya Brizgalov. Desde que llegó proveniente de Anaheim en noviembre todo ha cambiado en la franquicia de Arizona. Quizá insufló espíritu ganador a este equipo, quizá simplemente los Coyotes adolecían de un gran portero. Sea lo que sea, el ruso ha convertido a los de Gretzky en un equipo temible (sobre todo fuera de casa) y no en una mera comparsa de la competición.
El partido ante San Jose Sharks debía aclarar muchas cosas. El conjunto californiano, uno de los mejores del Oeste, había derrotado a los de Arizona en los cuatro partidos previos. Para más inri, Nabokov le tenía cogida la medida y llevaba casi cuatro partidos completos sin encajar un gol por parte de los “caninos”. Estadísticas para echarse a temblar.
No obstante los Coyotes no se amilanaron y plantaron cara con rudeza a los Sharks. En los dos primeros periodos no hubo goles, pero hubo hockey del bueno, ocasiones a discreción y el duelo de porteros rusos quedaba en tablas. Tanto Nabokov como Bryzgalov se estaban "saliendo".
El tercer periodo añadió al partido lo único de lo que carecía: de goles. Nada más comenzar, Mike York, sin ángulo, asentado en la línea de gol, amenaza con el pase atrás pero lanza un tiro inteligente jugando con el portero, que se acaba colando en la portería de Nabokov. Fin a la imbatibilidad de Nabokov ante los Coyotes, que se quedó en la no desdeñable cifra de 271 minutos y 20 segundos. Para aplauso.
No tardaron en reaccionar los locales. El rookie Torrey Mitchell se anticipa a su marcador y aprovecha un gran servicio de Grier para igualar la contienda. Tras ello una tangana, con los cinco minutos de inferioridad consiguiente para los Coyotes dinamitaron el partido. Al final de la misma, con 5 contra 3 sobre la pista por una nueva sanción, los Coyotes cayeron por maduro. El veteranísimo Jeremy Roenick por delante a su equipo. Gol 502 para el estadounidense, brillante, y asistencia número 700 de Joe Thornton. Casi nada.
Quedaban diez minutos, pero el reloj volaba. Bryzgalov salvaba a los Coyotes y estos se estrellaban contra su bestia negra, Evgeni Nabokov. Un querer y no poder que parecía tener su postilla en la sanción estúpida a Ballard a un minuto del final. Todo parecía perdido, pero ahí apareció la casta de estos nuevos Coyotes. Tras un tiempo muerto solicitado por Gretzky, los Coyotes salieron a morder, más caninos que nunca. La presión obtuvo su fruto y Shane Doan recuperó y realizó un lanzamiento duro y certero ante el que Nabokov no pudo hacer nada. Todavía hubo tiempo para que Bryzgalov salvara a los suyos con un paradón a 7 segundos del final tras una gran jugada entre JR y Marleau.
La prórroga siguió por los mismos derroteros, con protagonismo de los metas rusos, inmensos toda la noche. Por ello esto no podía acabar de otra manera sino en los penaltis. La tanda sería la que desharía las tablas en el marcador y en el duelo de metas rusos. Mueller batió por debajo de las piernas a Nabokov y el duelo de metas rusos se lo llevó Bryzgalov.
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