viernes, 9 de noviembre de 2007

EL ADIÓS DE "THE BIG E"

Él lo tenía todo. Envergadura, fuerza, técnica...pero desafortunadamente las lesiones han acortado su vida deportiva en la NHL. No obstante, ha tenido una magnífica carrera y ha dejado buena muestra de ello”. John Leclair dio así la despedida a uno de los mejores jugadores de la NHL en la década de los 90. Eric Lindros ha confirmado su retirada a sus 34 años, tras largos meses de incertidumbre. Era un rumor a gritos. El canadiense estaba pensando seriamente colgar los patines tras la falta de ofertas y sus problemas crónicos con las lesiones.
Nadie se podía imaginar en el lejano 1991 que aquel jugador que tanto prometía acabaría su carrera con más sombras que luces. El considerado durante mucho tiempo como el sucesor de Wayne Gretzky (de ahí que se le denominara “The Next One” en clara referencia al seudónimo del mejor jugador de todos los tiempos, “The Great One”), fue elegido en el draft de 1991 por Québec Nordiques. En uno de los culebrones más sórdidos de la historia más reciente de la NHL, el de London se negó a jugar en un equipo franco-canadiense y forzó su salida, yendo a parar finalmente a los Philadelphia Flyers.
En Pensylvania se hizo pronto con el cariño de la afición. Su juego poderoso, espectacular y agresivo, muy del gusto de la parroquia de Philadelphia, le convirtió en un auténtico ídolo. Además formó junto a Mikael Renberg y John Leclair la temida “Legión of Doom”, una de las mejores líneas ofensivas que se recuerdan.
Fuera del antiguo First Union Centre, la figura de Lindros era admirada, temida y odiada a partes iguales. “Eric era un jugador al que odiaba cuando jugaba contra él y era un chico absolutamente increíble cuando jugabas con él. En mi opinión, ha sido el jugador más dominante que con el que me he encontrado a lo largo de mi carrera en la NHL”. Así hablaba sobre él Matthew Barnaby, uno de los tipos más duros de la competición, que “se las vio tiesas” en más de una ocasión con Lindros, y que después fueron compañeros en los NY Rangers. De carácter vengador, y porque no decirlo, un poco provocador, no dudó en dar la cara en todo momento ante los retos de los rivales y eso le traería serios problemas durante toda su carrera. Constantes lesiones y conmociones cerebrales impidieron rara vez que el “center” canadiense fuese más allá de los 70 partidos en temporada regular. “Me arrepiento de cosas que he hecho”, comentaba el célebre número 88 en sus últimos años de carrera.
Y fue precisamente una conmoción la que marcó el principio del fin de la carrera de Eric Lindros. Carga poderosa de hombro por parte de John Stevens sobre la cabeza de Lindros en plenos playoffs del año 2000. El jugador tuvo que salir de la pista ayudado por dos compañeros y se mantuvo un año entero fuera de las pistas por los efectos de la misma.
Se temía que si volvía y sufría la enésima conmoción cerebral eso podía acabar no sólo con su carrera deportiva sino incluso con su vida. Aquí se cortaba la relación del 88 con el equipo que marcaría su vida. Un subcampeonato de la NHL y un Hart Memorial Trophee( el MVP de la NHL), además de numerosos premios en el seno de los Flyers.
Lindros, luchador como pocos, decidió continuar y fue traspasado a los Rangers en el 2001, firmando una buena temporada en lo individual coronada por el oro olímpico con Canadá en Salt Lake City.
Pero una nueva conmoción cerebral (la octava) hundió definitivamente la carrera de Lindros. Nunca volvió a ser el mismo, vagando como alma en pena por las pistas de hielo de la NHL con Rangers, Toronto y finalmente Dallas. Por ello, sabiendo que no estaba al nivel que desearía y ante el consejo de muchos médicos que le recomendaban una retirada ante el peligro que corría, Lindros ha decidido dejar la práctica del hockey. En total 372 goles y 493 asistencias en 760 partidos en la NHL(de temporada regular). “He disfrutado mucho de mis años como jugador y ahora tengo ganas de vivir el siguiente capítulo en mi carrera”. Esa nueva misión podría ser la de representar a los jugadores en la Asociación de jugadores de la NHL. “Sería un privilegio representar a los chicos en nuestra asociación”, afirmaba.
De bien nacidos es ser bien agradecidos. Eso ha debido pensar el 88, que no ha querido olvidarse de quienes tanto le ayudaron en los momentos malos, en las tediosas recuperaciones tras sus conmociones, y ha donado 5 millones de dólares al hospital de London (Canadá). Bonita guinda para el pastel de la carrera deportiva de uno de los jugadores más inolvidable y especiales de la NHL. Simplemente único: Eric Lindros.

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